martes, 11 de diciembre de 2012

OBRAS 2011 - 2015


  El trío -2012- pastel y collage - 68x98cm.
Gente con brillo propio-acrílicoy egrafiado
-2013- 91x130 cm.
 Los Pájaros 
1)El Gran Parto 2) Levantando Vuelo3)  La Caida 
2014 - acrílico y esgrafiado - 130 x 275 cm. 
los transitadores de cabezas
 Vuelo rasante al atardecer -esgfaiado y acrílico-
91x130-2014

Vertigo ascendente Tinta y acrílico 165 x 125 -2013

El paraguas blanco - 2012 - Pastel sobre tela - 110 x 115 cm.



UNA CUESTIÓN DE ESTILOS

Cuando era un joven estudiante de artes, hace de esto muchos años -tantos que lo que voy a decir no se si es real o fruto de mi imaginación o de algún lejano sueño- leí en “La Gaceta” de Tucumán declaraciones de Antonio Berni en las que afirmaba ser un artista sin estilo. Debo confesar que no entendí entonces demasiado el sentido de la frase, pero quedó repercutiendo en mí de modo tal que cada tanto me pregunto sobre el  significado de tener estilo propio o cuando verdaderamente lo posee un artista plástico y si yo mismo lo tengo o no. Se suele hablar de la imagen (cada vez menos) como  el  ideal al que los aspirantes a  artistas deben tender y que todo aquel que lo es, la tiene como un sello inconfundible de personalidad, sin embargo hay diferencias en cuanto a la continuidad estilística entre los creadores: Picasso ha incursionado en diversas maneras a lo largo de su vida, Bacón es siempre potente y semejante a si mismo. Entre nosotros, del Prete, pero sobre todo Berni ocuparían el rol picassiano, mientras Policastro, Victorica o alguien más contemporáneo como Alonso guardan continuidad formal y expresiva, pese a que éste último ha encarado diversos enfoques  en su producción.

 Lo importante, conjeturo, consiste en la persistencia de la fuerza vital en las obras, con o sin la recreación constante de soluciones plásticas, pues ello responde a necesidades personales profundas. De todos modos los artistas que cité como discontinuos, conservan decididamente coherencias de fondo, expresivas y / o ideológicas; en  Berni, por ejemplo, como él mismo lo afirmaba no podría comprenderse su obra si se la desligara del contexto social o político. La integridad conceptual está  presente también  en aquellos plásticos con aparentes repeticiones, aunque si afinamos la percepción descubrimos que las mismas conllevan enriquecimientos sucesivos, a veces sutiles. 

 Como se trata de hablar de mí, diré que en ésta actividad emprendí diversas prácticas, temas y planteos estéticos  que me han conducido en ocasiones a cambios más o menos notables; además del dibujo como disciplina, realicé historietas donde traté de lograr una simbiosis entre literatura y plástica, usé y uso técnicas y materiales diversos: lápiz, pastel, carbón, tinta, acuarela, acrílico, óleo, collage, esgrafiado, transfer, etc.  Recalé incluso en la digitalización de imágenes hasta llegar a los grabados xilo-digitales, en  los que reúno en un solo cuerpo una técnica antigua con otra derivada de la moderna tecnología; los exhibo en esta ocasión junto a esgrafiados y tintas, pertenecientes algunos al libro “Brunelda” basado en textos de Franz Kafka.


Escuché opiniones bien  intencionadas, pero no se hasta donde fundadas, tales como “un buen dibujante no tiene para que hacer arte digital”  o a la inversa “hay que buscar nuevos modos de trabajo, el artista nunca debe repetirse”, sospecho que ambos planteos pueden ser verdaderos o falsos de acuerdo a quien los practique. Tengo en claro que no soy ni seré plenamente historietista ni artista digital, tampoco escritor, aunque cada tanto escribo sobre arte en presentaciones de catálogo (tengo el orgullo de que alguna vez me lo hayan pedido prestigiosos colegas) y cuentos irónicos sobre el arte contemporáneo que los amigos de una Red Social de Internet soportan estoicamente.


A todo esto lo vivo como un conjunto enraizado en una matriz primordial: el ser artista plástico o dibujante. De ahí surge todo lo demás como una necesidad de manifestarme estéticamente, siempre con la esperanza de no contradecirme en lo esencial.





Raúl Ponce




La espera  - 2012 - Pastel sobre tela - 70 x 100 cm.

Los devoradores de corbatas - 2012 - Pastel y collage - 70 x 100 cm.

Retrato del Sr. X - 2011 - Pastel y collage s. tela - 70 x 100 cm.

Instantánea- 2011- Pastel - 70 x 100 cm.
Gente Voladora - 2011 -  Pastel - 85 x 120 cm.

Pareja - 2011 - Pastel y collage - 120 x 105 cm.

Pareja - 2011 - Pastel y collage- 100 x 70 cm.

La ronda y las manos - 2012 - Pastel sobre tela - 95 x 120 cm.

Tres animales - 2012 - Pastel sobre tela - 80 x 120 cm.
Cuesta Abajo - 2012 - lápiz color -70 x100 cm.

Cuesta arriba- 2012 - lápiz color -70x100 cm.
Grupo A y Grupo B - 2012  - pastel y collage -100 x 70  cm.

Incongruencias- 2012 - Pastel - 100x70 cm.

La vuelta de los PPA - pastel y lapiz color - 120x150 cm.

Ciertos sujetos - 2012 - Pastel - 100 x 70 cm.

Los caminadores de cabezas - 2012 - pastel - 120x150.

Los de adelante y los de atrás - 2012 - Pastel sobre tela - 70 x 100 cm.
Subiendo hacia cualquier lado -  2002 / 2012 - Tinta y esgrafiado - 120 x 150 cm.

Pájaro Esfumado-tinta-29,7x21
 Atardecer (homenaje a Policastro)-2013- tinta y acrílico- 20 x 30 cm.

Gente con brillo propio -Acrílicoy egrafiado- 2013 -91x130 cm.




Josefina, la cantora- homenaje a Kafka - 2013 - esgrafiado 20 x 20cm.



Los caminadores de cabezas II -2013- tinta y acrílico- 140x170 cm.
Los transitadores de cabezas -2013- acrílico y esgrafiado - 91x130 cm.
 El tipo del moño-2015-esgrfiado-25x18cm.

 El iluminado-2015-Esgrafiado -65 x 91cm.

 El Puente y la gente-2014-acrílico y esgrafiado-130x91cm.

 Incongruencias contiguas -2015- esgrafiado color- 91 x 130 cm.

 La noche de los globos-2014-esgrafiado-91x130cm.

Retrato inconducente-2015-tinta-42x29,5

El hombre estatua -2014- acrílico y esgrafiado-55x55 cm.

Humanos y otros-2014-esgrafiado-91x65 cm.

La Piramide Humana - 2014 - esgrafiado - 91 x  65 cm.

 Variaciones Inconducentes- 2015- esgrafiado, oleo y acrilico-130 x 91 cm.
Hacia el sudeste y viceversa-2015-esgrafiado-140x170 cm.

Exposición de Dibujos de Raúl Ponce / “30 años es algo…” 
por Jorge Garnica


Selección de obras 1981-2011 / Galería de La Sociedad Argentina de Artistas Plásticos


Dibujos con olor a muerte 

  
“Formas torturadas, muchedumbres, una reiterada atmósfera de confinamientos, de limitación del espacio físico y ético en que vive la criatura humana y, por implicación, del sufrimiento que unos hombres infligen a otros, evidencian el pensamiento plástico profundo de Ponce: confrontación, desafío y protesta contra una sociedad que asiste a su propio derrumbe.

 Raúl Vera Ocampo 



El fragmento del texto precedente forma parte de un prólogo sobre Raúl Ponce para el libro 40 Dibujantes Argentinos, Ed. Actualidad en el Arte; publicado en 1987. Formé parte de aquel grupo. Al hojear aquel libro se respira la densidad de los años de represión y guerra de la década dejada atrás. No habían pasado muchos años, tan sólo un lustro, de vida democrática.

Recién llegada la democracia, corría el año 1983, el país se ponía en marcha lentamente bajo el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín. La sociedad se abría a nuevas tendencias estéticas, propuestas por los más jóvenes, éstos casi sin experiencia. Acompañados por artistas enrolados en corrientes internacionales y afectos a las novedades, la mayor parte de ellos no habían padecido, directamente, la represión. La vida social era sometida a un destape forzado, apelándose a nuevas instancias de placer. Se pretendía sepultar lo sucedido. Las obras de estos artistas de los ochentas fueron especialmente efímeras y oscilaron tanto en la mímesis como en las imitaciones más burdas. La crítica recién les respondería una década después, cuando el camino ya estaba sembrado de retórica proveniente de los centros de poder. 

Otro sector, partidario de un revisionismo, donde la memoria tenía un rol constructivo, abogó  por ejercicios estéticos con vistas a jerarquizar las luchas pasadas desde un arte testimonial. La Asamblea por los Derechos Humanos, constituida por ciudadanos probos, realiza un concurso para sostener la memoria de los excesos aplicados por el terrorismo de estado. Se buscaba concientizar desde las artes plásticas sobre los derechos inalienables del hombre. El valor artístico y dramático de la producción de Raúl Ponce es reconocido: obtiene el Primer Premio Adquisición de la APDH.

Algunas obras de aquella serie, determinadas por una iconografía del horror, se están exhibiendo en la Galería de la Sociedad de Artistas Plásticos; son dibujos en carbonilla, tinta y pastel, que promedian los 150 x 122 cm.  Van desde 1981 a 2011. Los títulos de sus obras marcan ostensiblemente el flujo moral y espiritual del artista: “Con el mundo al revés”, “Gente importante”, “Director de orquesta”, “Trepadores y el pensador”, “Los especialistas”, “Los despojos”, “Hoy aquí”, “Los hombres guía”, “El dedo del patriarca”,  “La Gran Ronda” o “Las sillas”.

En esta última obra -“Las sillas”, la elijo por su sentido abarcador-, se aprecia a un sujeto ominoso, de espalda, confundiéndose con el horizonte, en una perspectiva atmosférica. De pié, hace equilibrio sobre las patas de una silla invertida, sostenida por una multitud; el claroscuro pesadillezco le da identidad. Es un líder frente a lo dantesco, guía a la masa y ésta alimenta su protagonismo.

Un común denominador posible para estas obras sería: aquelarre. No hay belleza accsesible en estos dibujos, todo se abisma frente al alegato cruel. Los seres reflejados son algo menos que humanos, son homúnculos, semejan bestias surgidas de organizaciones siniestras, estereotipos de “malos bichos”; abyectos, pero no monstruos, porque no lo son. Son –a pesar de todo, bien lo sabemos- humanos, actuando obedientemente. Es inevitable remitirse a los cuadros-alegatos de Francis Bacon. El ser allí se descompone, por lo general, en una masa informe, atemporal; retozando en territorios íntimos, arropados o desnudos. Pintados al óleo con perversión y exactitud; deudor de la más alta tradición pictórica universal.

Ponce ha elegido con inteligencia los materiales para expresarse, su producción gana en eficacia expresiva con la utilización de carbonillas, pasteles y tintas; sumado a la elección de soportes rígidos, todo colabora en la resolución estilística de sus obras. La precisión y economía de sus trazos (no se percibe plus de gestualidad, cada línea aporta justeza en la trama), comulgan con la dolorosa realidad que documenta. Las secuencias rítmicas, merecen destacarse, no por precisas en su ejecución, sino por anárquicas y dinámicas; paradojalmente, exactas. Útiles; a poco del registro secuencial, como si se produjera un juego circular donde el horror pervive infinito. Los climas creados parten de juegos gráficos ambiguos, proclives a lo tenebroso, sin ser obvios. La factura de ejecución establece un sentido que revela su gusto personal: el buen trato plástico; al tiempo, liberador. La pesadumbre íntima se vislumbra diáfana, la experiencia visual es llana.  Ponce entrega el sentido y pone al observador en autos de su alma mortificada.



 Post escriptum: En la actualidad se cuentan ya con doscientas condenas por crímenes de lesa humanidad, constituyendo un ejemplo de Justicia frente al mundo, dado que todo se ha realizado dentro de las Leyes Constitucionales.

  
SAAP Sociedad Argentina de Artistas Plásticos. Viamonte 458CABA


Agradezco a Jorge Garnica, artista y amigo, quien con generosidad a elaborado este escrito, que me ha conmovido profundamente.

Raúl Ponce






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